Capítulo 1. Salida de la expedición.

 

  Era el veinte de Mayo de 1983, Habían pasado demasiado rápido los ocho meses que duró la preparación de la expedición, Ramón y Alfonso, se encontraban ya en Perú, se habían adelantado una semana para ultimar detalles: documentos, permisos y preparar la balsa de troncos de árboles que nos serviría para descender el río. El resto, Sergio, María y yo, salimos de Cartagena y Miguel se nos uniria en Luxemburgo.
Fue entonces, cuando verdaderamente comprendí el alcance de nuestro proyecto y la responsabilidad que suponía la aventura, un fuerte escalofrío me recorrió el cuerpo.Salida Expe Familia peq Mis hijas me estudiaban de forma extraña queriéndome comprender y haciéndose cómplices en temores. Nani, mi mujer, pese a sus buenos ánimos aparentes, también se encontraba en la misma situación temiendo un desenlace fatal. Era el momento de la despedida y la reflexión convertía en angustia la alegría del comienzo.Salida Iglesia peq
Los amigos y colaboradores nos daban aliento, pero he de confesar, que me hubiese arrepentido, ¿seríamos capaces? – me interrogué – era un reto conmigo mismo, tenía el presentimiento de que sí, la Naturaleza me dotó de la pasión del explorador, un espíritu emprendedor capaz de afrontar las más arriesgadas empresas, y además mi condición de comerciante autónomo, me habia preparado a soportar los esfuerzos penosos, consideré el viaje a través del Continente americano, no solamente posible, sino que incluso creí, espoleado por el afán, que poseía las aptitudes necesarias para llevarlo a término, pero…, todo no estaba en nuestras manos, había que sortear innumerables peligros desconocidos y el proyecto era demasiado ambicioso.
Alcé la mirada al altar mayor de la Iglesia, allí estaba mi Virgen de la Caridad, con su angustia rebosante de hermosura, el canto de la Salve me sacó del éxtasis, todo el templo se llenó de ese divino rezo que infundía vigor hasta al más insensible.Salida Meson peq

Salimos de la iglesia y gran cantidad de admiradores y amigos, nos llevaron a la plaza Del Lago, zona muy peculiar de Cartagena y veterana en sucesos importantes, una gran masa de gente esperaba para despedirnos. Éramos los héroes y todavía no habíamos hecho nada. Curioso, todo el mundo nos decía lo mismo – De buena gana me iría con vosotros – añadiendo después – pero…, es que no puedo- -¿Así como si yo pudiera…?- me pregunté.

SALIDA DE LA EXPEDICION

Abrazos, alegrías, lágrimas, música, cohetes. El furgón se puso en marcha lentamente abriéndose paso entre la multitud que, brazos en alto, agitando sus manos nos deseaban suerte, las miradas de la familia, eran rayos de suplica salidos del corazón implorante ¡vuelve!

Sergio, María, Jerónimo, Horacio y Pepe. Al volante y como conductor Horacio, propietario del vehículo, a su lado Jerónimo, copiloto ayudante dé viaje y cuya misión seria transportarnos hasta Luxemburgo, detrás 450 Kg. de equipos y nosotros los expedicionarios: María (mujer de Alfonso), Sergio y yo, Miguel (medico de la expedición) se nos uniría en Luxemburgo. El viaje desde Cartagena a Luxemburgo, lugar donde teníamos que coger el avión hacia Lima (Perú), ya fue una preparación de convivencia y aventura, llena de anécdotas. Nuestro alimento no fue otro que aquél famoso jamón serrano con pan, que nos había regalado Mariano del Meson del Bocadillo y D. José García Carreño, del Centro de Iniciativas y Turismo, en la despedida de Cartagena, acompañado con buen vino de Jumilla.

La ruta escogida fué: Madrid – San Sebastian – Bayona. En Clermont-Ferrand y a pocos kilómetros pasábamos por el Puy de Dôme, famoso como escalada en el Tour ciclista de Francia. No podíamos forzar nuestra furgoneta ya que, sin querer, se le había echado al depósito de combustible, el cincuenta por ciento de gasolina, en vez de gas-oil. Sucedió en la bonita villa de Agón, cuando paramos en una estación de servicio a repostar, Jerónimo, todo buena disposición, quedó encargado de ello, mientras nosotros husmeábamos los souvenir de un escaparate. No habían pasado cinco minutos cuando Jerónimo, todo emocionado, nos asaltaba diciendo – ¿que hacemos, el marcador del combustible no funciona, el gas-oil sale gratis? – frotándose las manos del ahorro proporcionado. Acudimos a comprobarlo, y la carcajada fue unánime, ¡infeliz; – le dijo Horacio – ¡no ves que te has equivocado de manguera¡
Jerónimo, miraba el marcador del gas-oil pero estaba utilizando la manguera de gasolina, todo sonrojado exclamó: ¡es verdad¡ Las bromas se sucedieron durante bastante tiempo. Consultamos con el propietario de la estación de servicio, ocultando la pillería y después de extraer parte de la gasolina completamos con gas-oil el deposito del furgón. Este error nos obligaba a tener que repostar más a menudo, para disminuir el porcentaje de la mezcla y no forzar la marcha del motor.

             LLEGADA A LUXEMBURGO

A las 14’30 h. del día 23, llegamos a Luxemburgo, teníamos muchas cosas que hacer, después de recorrer la ciudad, Horacio nos llevó a tomar una copa. Entramos en la “Brasserie AAL AVENUE” en el nº 21 de la avenida de la Gare, arteria importante de la ciudad. El silencioso y lujoso recinto atendido por tres guapas italianas, era el lugar adecuado. Aproximándonos a la barra mostrador, pedimos whisky para nosotros y un refresco de naranja, para María. Las personas que nos acompañaban en el local, más que hablar, susurraban, como si de contar secretos se tratase,  miraban extrañados, nuestro aspecto físico; la vestimenta empleada en la que llevábamos grabado “EXPEDICION LARGO AMAZONAS”, podía ser el motivo. Pronto descubrimos la verdadera causa, el alboroto que formamos a nuestra llegada y la alegría que rebosábamos les llamó la atención, no había pasado mucho tiempo cuando todos se incorporaron a nuestra algarabía con la necesidad de romper la estructura rígida de sus costumbres.
Un luxemburgués, alto, de cabellos rojizos, tras una llamada telefónica, hizo venir a un representante de la televisión de Luxemburgo, distribuidora de programas para todo el mundo y nos hicieron la proposición de comercializar nuestras  filmaciones. Marchamos al aeropuerto y contactamos con la compañía aérea que nos llevaría a Lima, todo parecía funcionar según lo previsto. Pasamos la noche en la furgoneta. A la mañana siguiente fuimos a la estación de ferrocarril a esperar a Miguel que debía llegar en el expreso de París, estación esta que aprovechamos para nuestro aseo. Sergio, bastante indignado protestaba al tiempo que se aproximaba al grupo: ¡me han cobrado cinco francos por ir al baño¡  –  Chico has roto algo – Preguntó Horacio.- No, pero llevaba aguantándome desde ayer y …Amazonas 554
Horacio le interrumpió con ironía:  – menos mal que no lo sabían, si no, te cobran doble. Ja, ja, ja
Miguel no llegó. Al igual que al día siguiente, después de esperar al expreso y bastante inquietos, decidimos marchar al aeropuerto, nuestro avión partiría aquella noche y además sería el lugar apropiado para que Miguel nos encontrara.
La mañana era bastante obscura y no paraba de lloviznar, Jerónimo aparcó la furgoneta en un lugar visible desde el interior del aeropuerto. Nuestra impaciencia hubiera terminado en aburrimiento a no ser por el rodaje de un film para la T.V. Luxemburguesa que se estaba realizando en aquel lugar, ¡que paciencia! repetían y repetían la misma escena.

    LLEGADA DE MIGUEL Y PARTIDA DEL AVIONAmazonas 553

   La figura de Miguel se recortó a la entrada del edificio. Con su mochila a la espalda y en la mano derecha una bolsa. La alegría fue máxima y el encuentro muy celebrado. Ya estábamos todos.Aeroflot Era el momento de despedirnos de  Horacio y Jerónimo que tan amablemente nos habian llevado en su furgon, jamás olvidaré ese triste momento.
Una larga espera, hasta que se pusieron en marcha las ventanillas de canje del billete por el cartón de embarque, el primer problema surgiría allí; solamente llevábamos pasaje de ida y nos obligaban a llevar también el de vuelta. Querían asegurarse de nuestro regreso, después de largas conversaciones, convencimos a los Srs. de Aeroflot que nuestro retorno se efectuaría desde Brasil y que no teníamos fecha determinada. Firmamos un compromiso de regreso y se nos entregó nuestro pasaje

El viejo reactor ruso abandonó los cielos europeos, después de hacer escala en Shannon (Irlanda). El pasaje en Amazonas 573-bissu totalidad formado por cubanos, que invitados por Moscú, regresaban a su tierra. Próxima escala La Habana, en donde permanecimos durante dos horas, compramos cigarros puros y no pude resistir la tentación de encender uno, mientras una “mamita” me servía una taza humeante de exquisito café. Se respiraba un ambiente movido pese a ser las 6 horas locales y los empleados del aeropuerto nos miraban con cierta timidez y recelo. Kingston (Jamaica) fue la siguiente parada. Abandonamos las Antillas y el azul transparente del Caribe lo sustituyó el verde obscuro de un salvaje y tenebroso pavimento.Amazonas 572-bis Volábamos hacia el Sur, dirección Lima, a nuestros pies ya teníamos la selva amazónica. La emoción me hizo pegar las narices a la ventanilla, intentando resolver con la mirada el cúmulo de interrogantes almacenado durante tanto tiempo. – ¿Que habrá allá abajo? – me pregunté en silencio.
Aquella imponente alfombra, impregnada de misteriosa y exorbitante vegetación, seria nuestra residencia durante mucho tiempo.
No daba crédito al paisaje y como si de un sueño se tratase, luché por despertar y llenar mis pupilas de la imagen que la Naturaleza ofrecía. Las nubes acabarían por cerrar la visión del verde y luminoso panorama, un telón blanco, que celoso, dosificaría el espectáculo.
Serian las 13 horas locales  cuando recibimos el aviso de final del trayecto.Amazonas 574-bis
El avión que desde Cuba nos llevaba como únicos y exclusivos pasajeros, a excepción, los tres acompañantes rusos de los cubanos, que mas que guías del grupo, parecían auténticos sabuesos del KGB. El avión inició el descenso, atravesando una extensa capa de estratos, dejó ver el oceano Pacifico recortando y lamiendo incansable las desérticas costas peruanas. Llevábamos 17 horas de avión y las ansias de llegar precipitan la impaciencia. Los rusos no perdían detalle de nuestras conversaciones y movimientos, así es que decidimos pedirles permiso para sacar nuestras cámaras fotográficas de sus estuches y plasmar desde el aire la llegada a Lima. En un perfecto castellano y con una amabilidad exagerada asintieron, tirando por tierra, como es natural, el falso sentimiento de no ser personas agradables.
El Rimac, río que vio nacer a la ciudad de Lima y en cuyo valle la creó Francisco Pizarro, parece orgulloso de la modesta pero gran utilidad aportada a la capital peruana en todos los tiempos, una de ellas es hasta el propio nombre, ya que Lima, es la castellanización de Rimac (pronunciado a la manera indígena, no con “rr” fuerte, sino con “r” débil). Rimac, a su vez, es el participio presente activo del verbo quechua “rimay” que significa “hablar”, por lo que a Lima había que traducirla hoy como la ciudad “que habla”.

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